Objeto, Sede.
Bajo el nombre de Gran Logia Simbólica Española existe una asociación constituida libremente por Logias Masónicas, formadas a su vez por Francmasones, que se han adherido a su Constitución y a sus Reglamentos Generales. Esta asociación se estructura de forma federativa y tiene por objeto poner en practica los principios establecidos por su Constitución.
La Sede de la Gran Logia Simbólica Española es en Barcelona.
Territorialidad
La Gran Logia Simbólica Española limita su territorialidad al Estado Español. No obstante podrá por decisión expresa de la Asamblea General, admitir la existencia de Logias bajo sus auspicios en otros Estados en los que no exista una Obediencia de carácter liberal, o en caso de Logias que deseen expresamente trabajar en alguna de las lenguas oficiales del Estado Español, fuera de este.
Ritos
El Rito de la Obediencia es el Escocés Antiguo y Aceptado y en este Rito se realizan todos trabajos que la Obediencia reúna, ello no es óbice para que, a nivel de Logia, se puedan autorizar otros Ritos reconocidos.
ART.-1
La Francmasonería, institución esencialmente filantrópica, filosófica y progresista, tiene por objeto la búsqueda de la verdad, el estudio de la ética y la practica de la solidaridad; y trabaja por el mejoramiento material y moral de la humanidad.
Tiene como principio la tolerancia mutua, el respecto a los demás y de uno mismo, y la absoluta libertad de conciencia. Considerando que las condiciones metafísicas y religiosas son del dominio exclusivo de la apreciación de cada individuo rechaza cualquier afirmación dogmática.
Tiene por divisa: Libertad, Igualdad, Fraternidad.
Cada Francmasón interpretará la invocación al Gran Arquitecto del Universo según le dicte su conciencia con el mayor respeto hacia las diferentes interpretaciones y hacia los Hermanos que las sustentan.
ART.-2
La Francmasonería tiene como deber extender hacia todos los componentes de la humanidad los lazos fraternales que unen a los Francmasones esparcidos por toda la superficie de la Tierra.
Recomienda a sus miembros propagar sus ideales a través del ejemplo, la palabra y los escritos manteniendo en todo momento la necesaria discreción sobre los asuntos internos.
ART.-3
Es deber de un Francmasón, en todo momento, ayudar, ilustrar y proteger a su hermano y defenderle contra cualquier injusticia.
ART.-4
La Francmasonería considera al Trabajo como uno de los deberes esenciales del hombre y honra igual el trabajo manual que el intelectual.
ART.-5
La Francmasonería tiene signos y emblemas de alto significado simbólico que sólo pueden ser revelados por la Iniciación.
Estos símbolos presiden, en las formas determinadas por los Ritos, los trabajos de los Francmasones y les permiten reconocerse y ayudarse por toda la superficie de la Tierra.
La Francmasonería no impone ninguna interpretación dogmática de estos símbolos.
La Iniciación comporta varios grados: Los tres primeros son los de Aprendiz, Compañero y Maestro. Este último es el único que da a los Francmasones la plenitud de los derechos masónicos. Nadie puede ser dispensado de las pruebas prescritas por los rituales.
ART.-6
La soberanía se ejerce a través del sufragio universal.
ART.-7
En las reuniones masónicas todos los Francmasones son iguales. No existe entre ellos más distinciones que las de la jerarquía impuesta por las diferentes funciones.
ORIGENES
Si acudimos a los orígenes de la masonería moderna, y nos situamos en su momento histórico, la sociedad europea de los siglos XIV y XV, vemos que, salvo excepciones, la mujer tenía un papel secundario en la sociedad, la familia, la iglesia y el Estado. Por lo tanto, no es de extrañar que en los documentos antiguos, los "Old Charges" de las hermandades de canteros y talladores de piedra, la mujer estuviera excluida de la Logia, lugar donde se discutían las cosas del oficio. A pesar de todo esto, también es cierto que no en todas partes y de la misma manera se materializó esta exclusión. Hay constancia de las mujeres que participaron y compartieron la dureza del trabajo de las canterías, normalmente viudas o hijas de canteros.
En el s. XVII, en el periodo final de la masonería operativa se desarrolla la masonería especulativa, y se introduce el componente iniciático de influencia hermética y alquímica.
Los primeros documentos constitutivos de esta masonería especulativa establecen que para ser masón, es preciso ser "hombre libre y de buenas costumbres". (Constituciones de Anderson, 1723).
Aparte de la consideración de ser hombre o mujer, se establece así que el candidato debe ser "libre" en cuanto que debe tener ingresos que le den una independencia económica. En términos sociales, para la mujer esta independencia económica no llega hasta su incorporación masiva al mundo laboral, a mediados de este siglo XX.
Sin embargo, las mujeres pronto se sintieron atraídas por la masonería. En Francia, ya en tiempos de Luis XIV y Molière, las mujeres cultas se reunían en sus salones para debatir, solas o con hombres, los temas intelectuales de su tiempo. A comienzos del XVIII, cuando los albores de la masonería especulativa reunía a los Hermanos en las Logias, ni Roma, ni las mujeres pudieron soportar la idea de estos hombres hablando a puerta cerrada. Por lo que respecta a Roma, decidió excomulgarles. Las mujeres, en cambio, ejercieron la presión suficiente para que naciera la masonería de adopción, la masonería mixta y la masonería femenina.
MASONAS
El Rito de Adopción, según los archivos de la Gran Logia de Francia, nació en 1744. Su desarrollo fue lento, y siempre tuvo menos miembros que la masonería masculina, pero a finales del XIX llegó a tener unas 150 Logias.
Los primeros datos que se pueden encontrar en este sentido en los archivos españoles son de 1885. El anuario de 1894 a 1895 del Grande Oriente Español habla de las siete Logias de Adopción que auspiciaba en España, entre las que destacan "La Hijas de la Unión nº 5" de Valencia, "Las Hijas de la Regeneración" de Cádiz, y "Las Hijas de los Pobres" de Madrid.
Las hoy prácticamente extinguidas Logias de Adopción, eran creadas por Logias masculinas de las que dependían, y trabajaban bajo tutela y supervisión masculina.
La masonería mixta nace con la federación de Logias denominada "Orden Mixta Internacional Le Droit Humain, El Derecho Humano", en 1893. Fundada por la escritora y periodista francesa Maria Deraisme, conocida sufraguista y feminista; junto a Anne Feresse, Georges Martin y su esposa, Marie Martin. Una de las particularidades de esta federación, es ser la primera y única en constituirse e escala internacional. Tiene el Supremo Consejo en Francia, y federaciones nacionales y jurisdicciones en otros muchos países del mundo, entre los que está España.
También a fines del siglo XIX, encontramos nombres de mujeres en los Cuadros de Logia, es decir, en la lista de los miembros de una Logia, en el Gran Oriente Español, por ejemplo en "Los Hijos del Riego" de Madrid, o "Nueva Cádiz". Esto nos permite comprobar que, a pesar de las Constituciones de Anderson, El Grande Oriente Español iniciaba ya en aquella época a mujeres en el Rito masculino, o Rito Escocés Antiguo y Aceptado, y que éstas asistían regularmente a los trabajos de la Logia "masculina", como se puede leer en los libros de Actas.
La primera Obediencia femenina que se creó fue la Gran Logia Femenina de Francia. En 1935, la Gran Logia de Francia decide dar a sus Logias de Adopción completa independencia, y ayudarlas a crear su propia Obediencia o federación. Debido a los acontecimientos bélicos que vive Europa en los años posteriores, esto no se lleva e efecto hasta 1945. En 1952 la Unión Masónica Femenina de Francia adopta su nombre definitivo: La Gran Logia Femenina de Francia., y en 1959 abandona en Rito de Adopción, trabajando desde entonces en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
Hoy existen Obediencias femeninas en gran parte de los paises de la Europa continental, y Latino-América. La Gran Logia Femenina de Francia auspicia en España varias Logias desde los años ochenta.
LA MUJER EN LA GRAN LOGIA SIMBÓLICA ESPAÑOLA
El 2 de Febrero de 1977 se funda en Barcelona "Minerva-Lleiltat nº3", primera Logia o matriz de lo que después será La Gran Logia Simbólica Española, inscrita y legalizada en el Registro de Asociaciones del Ministerio del Interior de España en Mayo de 1980.
La Gran Logia Simbólica Española nace como federación de Logias masculinas, depositaria y representante de las señas identidad y los ideales de la franc-masonería histórica española, al recoger los principios del Grande Oriente Español, federación prácticamente extinguida bajo la implacable persecución que sufrió en el antiguo régimen.
En 1990, y en base a su sentir democrático, liberal y tolerante, comienza en su seno interno el debate hacia la mixticidad. Este debate desemboca en la aprobación en la Gran Asamblea de 1992 la reforma de su Constitución y Reglamentos Generales, admitiendo desde entonces Hermanas masonas como miembros de pleno derecho y en régimen de igualdad con sus Hermanos masones, y convirtiéndose en la primera y única Obediencia que auspicia Logias masculinas, femeninas y mixtas, dejando que sea el sentir de cada cual el que decida cómo "trabajar su piedra".
Hoy en día, La Gran Logia Simbólica Española, o "La Simbólica", como se la conoce en el mundo masónico, es la federación masónica liberal más importante en España, y cuenta con un gran número de Logias y Triángulos (grupos de trabajo más pequeños) en distintos puntos de la geografía nacional.
JORDI FARRERONS
Gran Maestre de la Gran Logia Simbólica Española
para el mandato 2006 - 2009
Nació en Lérida en 1951. En la actualidad, reside en Centelles, localidad próxima a la ciudad de Barcelona. Ha cursado estudios de Humanidades. Es Periodista Gráfico. Pertenece a la plantilla de una empresa de los medios audiovisuales, de ámbito nacional.
Se inició en masonería en la Logia Minerva Lleialtat, nº 1, en 1986. De la que ha sido Venerable Maestro o presidente en dos ocasiones. Ha sido Gran Consejero y Presidente de la Alta Cámara de Justicia de la G.•.L.•.S.•.E.•.
Su instalación como Gran Maestre se realizó el 17 de Junio de 2006, durante la Asamblea General de la G.•.L.•.S.•.E.•. , celebrada en Zaragoza.
LOGIA
La Logia es la unidad básica de la francmasonería. Para constituirse requiere un mínimo de siete Hermanos, tres de los cuales han de ser Maestros.
No hay un máximo de miembros establecido, aunque un número de entre quince y cincuenta asegura la estabilidad y el buen funcionamiento de una logia o taller.
Cada logia es soberana y tiene amplio poder de decisión sobre sus propios asuntos y modos de trabajo. Para integrarse o coordinarse en estructuras mayores y ser consideradas como Logias Aceptadas, sólo debe acatar los reglamentos de éstas y asegurar que todos sus integrantes son Iniciados Masones.
Esta libertad explica la gran variedad de puntos de vista y concepciones diversas que pueden observarse en la Masonería, siempre dentro de los ideales comunes de Libertad, Igualdad y Fraternidad expresados, principalmente, a través del estímulo del Libre Pensamiento de sus miembros, la tolerancia, la defensa de la democracia, el Laicismo, el rechazo de todo dogmatismo y la defensa a ultranza de los Derechos Humanos.
Si bien la Masonería es Universal, las Logias se federan según países y respetan la legalidad vigente en cada uno de ellos. Estas federaciones se llaman Grandes Logias u Obediencias. Se reúnen una vez al año en un Congreso (Gran Asamblea), en donde los delegados de las logias (con un criterio de estricta proporcionalidad democrática) eligen las autoridades, reforman o reafirman los reglamentos y abordan los temas y proyectos que les son comunes.
DISTRITOS
Las Logias de La Gran Logia Simbólica Española se agrupan en Distritos. Los Distritos actúan como coordinadores de las Logias que tienen adscritas, en materia de trabajos, conferencias o eventos en general. También actúan los procesos requeridos para la elección de los distintos miembros representativos de los Órganos de gobierno de La Gran Logia Simbólica Española.
La composición del los Distritos es de entre 15 y 21 miembros, la elección de los miembros se efectúa en las Logias adscritas a dicho Distrito en numero proporcional a los miembros de cada logia. La elección del Presidente y de los Oficiales se efectúa en el seno del Congreso de Distrito.
Tres o mas Logias que correspondan a un ámbito territorial pueden agruparse y crear un Distrito, si reúne un mínimo entre ellas de 75 miembros. De esta forma se prevé la formación de tantos Distritos como Comunidades Autónomas en la que, la Gran Logia Simbólica Española tenga Logias. En el caso de que no exista Distrito en alguna Comunidad Autónoma por no llegar a los mínimos requeridos para su formación, la Logia o las Logias que existan tendrán las mismas competencias que los Distritos.
Son competencias de los Distritos:
Proponer los candidatos a la Asamblea General para la elección de los miembros de la Alta Cámara de Justicia (Órgano Judicial). La Asamblea General elige entre 7 y 11 miembros (Maestros Jurados) entre todas las propuestas recibidas de los Distritos y las Logias no adscritas a Distrito.
Proponer también a la Asamblea General los candidatos para la elección de la Comisión de Solidaridad Masónica.
La elección de 21 Grandes Consejeros entre las propuestas de las Logias según el numero de miembros para el Gran Consejo Simbólico (Órgano Ejecutivo).
ÓRGANO EJECUTIVO
El órgano Ejecutivo es el Gran Consejo Simbólico que está formado por el Gran Maestre y 20 miembros (Grandes Consejeros).
La elección del Gran Maestro se hace por sufragio universal entre todas las Logias de la Gran Logia Simbólica Española.
La elección de los Grandes Consejeros se efectúa en primera instancia en las Logias, donde se eligen en función al numero de miembros que la componen, posteriormente en el Congreso de Distrito son elegidos los Grandes Consejeros entre las propuestas de las Logias, y propuestos a la Asamblea General.
ÓRGANO LEGISLATIVO
El Órgano Legislativo es la Asamblea General, que por lo menos una vez al año reúne a todas las Logias a través de la representación de sus Diputados. La Asamblea General esta formada por los representantes de las logias (Diputados). Antes de la celebración de la Asamblea, los Diputados eligen entre ellos al Presidente, que es instalado por el Gran Maestre, después son elegidos los cargos de Oficiales.
La Asamblea General ejerce el poder constituyente y legislativo de la Gran Logia Simbólica Española. Estudia y se pronuncia sobre la gestión del Gran Consejo, aprueba el ejercicio económico del año anterior así como el presupuesto del año próximo. Ratifica los nombramientos de los Grandes Consejeros elegidos en los Congresos de Distrito o las Logias no adscritas a distrito, y les toma juramento. Elige entre todos los candidatos propuestos por los Congresos de Distrito o las Logias no adscritas a distrito, a los Maestros Jurados de la Alta Cámara de Justicia (Órgano Judicial), y a los Miembros de la Comisión de Solidaridad Masónica. Recibe el juramento o promesa del Gran Maestre elegido por sufragio universal de todas las logias de la Gran Logia Simbólica Española.PODER JUDICIAL
El órgano supremo de justicia de la Gran Logia Simbólica Española es su Alta Cámara de Justicia Masónica. Se compone de entre siete y once Maestros Jurados propuestos por las Logias o los Distritos y elegidos e instalados por la Asamblea General (Órgano legislativo). En su seno elegirán a un Presidente, un vicepresidente, un Secretario, un Orador, los demás cargos serán cubiertos en las reuniones según los previstos en el ritual por Maestros Jurados. La Justicia Masónica tiene por objeto principal hacer reinar la concordia entre los Francmasones y las Logias a las que están afiliados y entre las distintas Logias, velar por que los miembros y las Logias respeten la Constitución y los Reglamentos Generales de la Gran Logia Simbólica Española.
COMISION DE SOLIDARIDAD MASÓNICA
La Comisión de Solidaridad Masónica se compone de entre 5 y 11 miembros elegidos en la Asamblea General propuestos por los Congresos de Distrito o las logias no adscritas a Distrito. El Objeto de la Comisión es la practica y el desarrollo de la solidaridad, en los aspectos materiales, intelectuales y morales, tanto dentro como fuera de la Gran Logia Simbólica Española. La asistencia de los desheredados o siniestrados, para la atribución de socorros financieros y de cualquier ayuda personal o para la coordinación de la participación de los miembros de la Gran Logia Simbólica Española en las tareas.
sábado, 3 de enero de 2009
GRAN LOGIA SIMBÓLICA ESPAÑOLA
ENTREVISTA: DESAYUNO CON... JORDI FARRERONS
"Para ser masón sólo hay que ser un buen demócrata"
RAFAEL FRAGUAS 03/01/2009
Habla quedamente y apenas cata la exhibición de zumos de pomelo, brioches y embutidos. Dice ser nacido en Lleida, en la comarca triguera de La Segarra, hijo de un panadero; hoy mide 1,82 de estatura, su mirada es directa y su aspecto, el de un ex jugador de baloncesto... Nadie diría que este hombre de 57 años, Jordi Farrerons, casado, padre de un hijo de 20 años, de profesión camarógrafo, fuera serenísimo gran maestro de la Gran Logia Simbólica Española, la rama de la masonería que se declara más liberal: unos 600 hermanos y hermanas distribuidos por toda España. Vive en un pueblito tranquilo llamado Centelles, cerca de Barcelona, urbe de donde tuvo que marchar "por el ruido".
Cafetería del hotel Urban. Madrid
La noticia en otros webs
webs en español
en otros idiomas
Este camarógrafo prejubilado es gran maestro de la logia masónica más liberal
A contramano de otros afectados en similares condiciones laborales, Farrerons no abomina del expediente de regulación de empleo (ERE) que le ha prejubilado al serle aplicado por Radiotelevisión Española, donde ha trabajado 30 años. "Para mí, ha sido una especie de regalo, ya que puedo dedicar mi tiempo a lo que realmente me gusta: leer, caminar, ver cine; cuando quiero relajarme, me pongo una película como Eva, de Josep Mankiewicz".
¿Qué hay que hacer para llegar a gran maestro masón? "Primero ser masón; luego, haber desempeñado cargos en talleres o logias y, por fin, resultar elegido con el voto directo de hermanos y hermanas", explica. ¿Cree que toda persona está capacitada para recorrer el mismo camino seguido por usted? "Sí. Las personas con un mínimo de preparación no necesitan ser ricas ni poderosos/as, basta con que se trate, tanto mujeres como hombres, de demócratas, de buenas costumbres, que no sean xenófobas, ni racistas y que no hayan hablado mal de la masonería. Con esto es suficiente para serlo". Su maestría, asegura, le ha ayudado a saber más de sí mismo: "Me ha transformado en una persona más tolerante y respetuosa con los demás y me ha permitido corregir mi impulsividad anterior".
Aparentemente, todo en Jordi Farrerons respira tranquilidad, mansedumbre. "Es que la masonería sirve para lograr la felicidad propia y la de los demás mediante un proceso de autoconstrucción", dice. En ese proceso, admite que no halló dificultades. "No las hubo, tuve la oportunidad de conocer a un grupo de masones en Barcelona, su sede, sus planteamientos de tolerancia y su antidogmatismo y supe que eso era lo mío". Hablando de dogmas, ¿no es la discreción un dogma para los masones? "Toda organización, toda persona, conserva para su intimidad determinadas cosas y la masonería no se distingue en esto de ellas". A la pregunta de ¿para qué sirve la masonería? Jordi Farrerons no lo duda un segundo: "Es una escuela para formar seres libres; aunque cuesta mucho, no hay que tener miedo a la libertad, los hermanos y hermanas te ayudan a ser libre".
Hay cuatro palabras en los frontis de algunas logias: saber, poder, atreverse o callar. ¿Cuál elige para definir la actitud de los masones en la España de hoy? "Atreverse", dice con una sonrisa. Su mirada, que por primera vez destella pasión, acompaña sus palabras; sólo entonces acomete el zumo de pomelo y un poquito de embutido, mientras el sol matinal se abre paso tras los cristales de la cafetería de un hotel de la carrera de San Jerónimo.
"Para ser masón sólo hay que ser un buen demócrata"
RAFAEL FRAGUAS 03/01/2009
Habla quedamente y apenas cata la exhibición de zumos de pomelo, brioches y embutidos. Dice ser nacido en Lleida, en la comarca triguera de La Segarra, hijo de un panadero; hoy mide 1,82 de estatura, su mirada es directa y su aspecto, el de un ex jugador de baloncesto... Nadie diría que este hombre de 57 años, Jordi Farrerons, casado, padre de un hijo de 20 años, de profesión camarógrafo, fuera serenísimo gran maestro de la Gran Logia Simbólica Española, la rama de la masonería que se declara más liberal: unos 600 hermanos y hermanas distribuidos por toda España. Vive en un pueblito tranquilo llamado Centelles, cerca de Barcelona, urbe de donde tuvo que marchar "por el ruido".
Cafetería del hotel Urban. Madrid
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Este camarógrafo prejubilado es gran maestro de la logia masónica más liberal
A contramano de otros afectados en similares condiciones laborales, Farrerons no abomina del expediente de regulación de empleo (ERE) que le ha prejubilado al serle aplicado por Radiotelevisión Española, donde ha trabajado 30 años. "Para mí, ha sido una especie de regalo, ya que puedo dedicar mi tiempo a lo que realmente me gusta: leer, caminar, ver cine; cuando quiero relajarme, me pongo una película como Eva, de Josep Mankiewicz".
¿Qué hay que hacer para llegar a gran maestro masón? "Primero ser masón; luego, haber desempeñado cargos en talleres o logias y, por fin, resultar elegido con el voto directo de hermanos y hermanas", explica. ¿Cree que toda persona está capacitada para recorrer el mismo camino seguido por usted? "Sí. Las personas con un mínimo de preparación no necesitan ser ricas ni poderosos/as, basta con que se trate, tanto mujeres como hombres, de demócratas, de buenas costumbres, que no sean xenófobas, ni racistas y que no hayan hablado mal de la masonería. Con esto es suficiente para serlo". Su maestría, asegura, le ha ayudado a saber más de sí mismo: "Me ha transformado en una persona más tolerante y respetuosa con los demás y me ha permitido corregir mi impulsividad anterior".
Aparentemente, todo en Jordi Farrerons respira tranquilidad, mansedumbre. "Es que la masonería sirve para lograr la felicidad propia y la de los demás mediante un proceso de autoconstrucción", dice. En ese proceso, admite que no halló dificultades. "No las hubo, tuve la oportunidad de conocer a un grupo de masones en Barcelona, su sede, sus planteamientos de tolerancia y su antidogmatismo y supe que eso era lo mío". Hablando de dogmas, ¿no es la discreción un dogma para los masones? "Toda organización, toda persona, conserva para su intimidad determinadas cosas y la masonería no se distingue en esto de ellas". A la pregunta de ¿para qué sirve la masonería? Jordi Farrerons no lo duda un segundo: "Es una escuela para formar seres libres; aunque cuesta mucho, no hay que tener miedo a la libertad, los hermanos y hermanas te ayudan a ser libre".
Hay cuatro palabras en los frontis de algunas logias: saber, poder, atreverse o callar. ¿Cuál elige para definir la actitud de los masones en la España de hoy? "Atreverse", dice con una sonrisa. Su mirada, que por primera vez destella pasión, acompaña sus palabras; sólo entonces acomete el zumo de pomelo y un poquito de embutido, mientras el sol matinal se abre paso tras los cristales de la cafetería de un hotel de la carrera de San Jerónimo.
CONCEPTO DE RUPTURA EPISTEMOLÓGICA EN PSICOANALISIS. CONFERENCIA DICTADA EN 1981 EN LA ESCUELA DE PSICOANALISIS GRUPO CERO POR EL POETA Y PSICOANALISTA MIGUEL OSCAR MENASSA, QUE HOY OFRECEMOS DE MANERA GRATUITA PARA LA COMUNIDAD
Escrito por: miguelmenassa el 03 Ene 2009 - URL Permanente
En una reconstrucción moderna de la historia de las ciencias, de la historia del pensamiento del hombre, podríamos decir que el símbolo matemático es el primer acontecimiento simbólico diferente del único símbolo existente hasta su aparición, es decir, Dios.
Es de una aparente facilidad entender que los procesos de producción científicos difieren de otro tipo de procesos: los ideológicos, los religiosos, los mágicos.
Este mecanismo de producción de las ciencias tiene un distanciamiento de la realidad, hay una ruptura con la realidad y se va a producir después de las matemáticas cada vez que se produzca un concepto, es decir, cada vez que se produzca un símbolo va a acontecer este distanciamiento de lo real de la experiencia sensible.
Deberíamos plantear una especie de tesis que luego nos permita su desarrollo. Por ejemplo decir: entendemos por ruptura el efecto cuyo producto es la teoría fundada científicamente. Ruptura es la distancia puesta con la experiencia sensible.
Ruptura epistemológica es un tiempo sin retorno, en todos los casos producto efecto de un trabajo teórico, desde el cual podemos dar cuenta, como ideológico o precientífico, de todo lo que acontecía en el campo hasta el tiempo de la ruptura. En psicoanálisis la obra La Interpretación de los Sueños funda el campo psicoanalítico porque produce un objeto de conocimiento, el Inconsciente, y produce con este concepto un punto de ruptura, es el momento de la obra de Freud desde el cual podemos mirar todo lo anterior acontecido en el campo y denominarlo ideológico y precientífico.
Miro el sol, reconozco en el sol un astro celeste, reconozco su existencia, pero desconozco su movimiento real y confundo su movimiento aparente, sensible, con su movimiento real.
Miro el sol quiere decir percibo el sol, me manejo con nociones imaginantes, tengo una ideología acerca del sol y su movimiento, que me dictan mis sentidos. Proyecto una teoría con esta ilusión que generan mis sentidos. Arribo a la teoría ptolomeica donde, con ese conjunto de nociones imaginantes, construyo un sistema imaginario. ¿Por qué digo imaginario? Porque ya tenemos la teoría copernicana, porque puedo decir imaginario después del acontecimiento de la palabra que nos reúne: lo que llamamos ruptura.
Por lo tanto revolución copernicana es el momento en el cual Copérnico nos enseña que la percepción de nuestros sentidos, lo más evidente para nuestro hombre, es precisamente ilusorio. Esta revolución nunca se ha asumido definitivamente; lo más evidente en mí, mis sentidos, son los responsables de la producción de ilusiones, es decir, reconocen la realidad pero no saben de ella, sino aquello que padecen.
Momento ideológico por excelencia: reconozco y al mismo tiempo, simultáneamente, desconozco. Por ejemplo, reconozco tener deseos, pasiones, sentimientos. Desconozco la dirección de mis deseos, el origen de mis pasiones. Padezco mis deseos como síntomas. Reconozco el fenómeno, me doy cuenta que el sol es un astro, que la tierra es un planeta, percibo una relación sistémica entre ese conjunto, pero desconozco el verdadero movimiento del sistema y confundo la apariencia con la verdad.
Desarrollo que la experiencia sensible con respecto al sol es imaginaria, en tanto produzco teóricamente. No me coloco en un lugar excéntrico del sistema solar con un avión, no me muevo de la silla donde estoy escribiendo y produzco la verdad estructural del sistema solar, que me dice que lo que yo veo estando parado sobre la tierra es una ilusión generada por el lugar que la tierra ocupa en el sistema solar.
Copérnico produce –con su producción teórica- una herida narcisista en la Humanidad. El Hombre, que tenía una concepción geocéntrica del universo, tiene que conformarse con que su planeta sea más pequeño y gire alrededor de otro centro. Esto sería haber transformado, haber producido un efecto cuyo producto es la teoría copernicana, heliocéntrica, fundamentada científicamente, que lee como ideológico y precientífico -ahora que está fundada- lo anterior, el campo del cual proviene.
Los habitantes del paleolítico cuentan con los dedos, cuentan hasta cinco, después de cinco es infinito. Los caldeos, los fenicios, los prepitagóricos de la escuela itálica, contaban con los nudillos. Formas mecánicas donde llegaban a efectuar algunos cocientes, algunas multiplicaciones, procesos de agregación.
Estoy yendo a la ruptura por excelencia, ya que por primera vez en el pensamiento contemporáneo (o lo que podríamos llamar pensamiento contemporáneo, como todo aquello que viene después de la escritura) hay una producción denominada científica. Producción que es de tal importancia para la producción de otras ciencias o de otros universos científicos, que, podríamos decir, la producción del número natural es el “inconsciente” de la producción científica en general.
Antes del número natural los intercambios se realizaban en la realidad entre objetos reales. En un lugar del intercambio estaban los dedos, el ábaco, las piedritas y en otro lugar del intercambio, también como objeto real, estaba lo que se iba a cambiar: vacas, mecheros.
Podemos decir, desde nuestro saber actual, que para que aquella operación fuera posible, los sujetos del intercambio tenían que tener un concepto imaginario de cantidad. Cuando yo pedía 3 mostrando mis dedos, si me daban más o menos que mis 3 dedos, ese registro imaginario de cantidad me hacía notar la diferencia. Registro imaginario de cantidad y registro imaginario de valor, en tanto, antes de la aparición de la producción de la serie de los números naturales, el hombre no solamente intercambiaba 3 por 3, sino que también intercambiaba 3 por 10. Tenía concepto imaginario de valor, intercambiaba 3 vacas por diez ovejas. Y esto no era porque el de las 10 ovejas era estafado por el de las 3 vacas, sino porque había un concepto imaginario de valor que decía que 3 vacas eran equivalentes a 10 ovejas.
Con la producción del número natural cae asesinado, como dicen los teóricos, uno de los conjuntos reales que intervenían en el intercambio. Cuando del criterio de agregación de elementos reales que se usaban para contar, un dedo y otro y otro, se pasa a la operación formal abstracta de la suma, ya que no necesito para el intercambio uno de los objetos reales. Ahora me guardo los dedos en los bolsillos y digo el número 3 que es un símbolo. La producción del símbolo permite ahora darle número a la cantidad sin necesidad del objeto real.
Reconozco mis deseos, padezco, inhibo, reprimo mis deseos, pero desconozco la estructura determinante de mis deseos.
Reconozco el sol, desconozco su movimiento real y confundo por real su movimiento aparente.
Desconozco la causa productora de mi deseo pero padezco y reconozco, en esa conducta, un deseo.
Toda ciencia proviene de un campo que por ahora nosotros vamos a llamar precientífico o ideológico. La ciencia, para ser, necesita trabajar materia prima. La materia prima, que se trabaja en lo que conocemos como producción de una ruptura, son las nociones.
No es materia natural, no es palabra, no son frases sueltas. Son nociones y las nociones son las unidades del discurso de la ideología.
Si no me preguntan sé, si me preguntan no sé, como la definición del tiempo del sabio griego.
Esto es lo que cualquier hombre puede llegar a decir de cualquier noción. Si no me preguntan por el tiempo sé, el tiempo de mi vida, el tiempo del amor, del trabajo, de mi descanso de mi excitación sexual. Si me preguntan por el tiempo no sé. No sé qué decir. Reconozco en mí el pasaje del tiempo, desconozco los instrumentos formales que me darían un conocimiento del tiempo.
Antes de la fórmula de la velocidad, por ejemplo, las nociones con las que trabajaba el campo físico (nociones de velocidad, de espacio, de tiempo) no podían concluir en una formulación tal que diera cuenta de esos procesos. Pero no eran simples imaginerías, eran nociones. Si un móvil llegaba más rápido que otro móvil recorriendo la misma distancia, podíamos decir que era más veloz, o podíamos ser un niño diciendo que eso era velocidad, o que el tiempo es algo que transcurre.
Estas nociones, unidades del discurso de la ideología física, no pueden producir una formulación abstracta, hasta que no se las trabaja con un instrumento proveniente de las matemáticas: las magnitudes geométricas.
La elemental física de Galileo acontece 2.000 años después del procesamiento de las magnitudes geométricas. Magnitudes geométricas que tomamos de la geometría, sin contenido, lo que tomamos es la abstracción y todas sus leyes.
En ese vacío formal que la física toma de las matemáticas, es donde ahora vamos a generar una abstracción tal que me permita saber la velocidad, el tiempo y el espacio por la relación invariable que establezco entre ellos con el instrumento tomado de las matemáticas (el vacío formal del concepto de magnitudes geométricas -- = --, sus leyes de relación) y así llego, mediante un trabajo de producción teórica, al concepto formal abstracto donde velocidad es igual a espacio sobre tiempo, donde el tiempo es igual a espacio sobre velocidad y espacio es igual a velocidad sobre tiempo. Tengo un concepto formal abstracto.
Kant produjo una ruptura porque en un mundo esencial donde el conocimiento proviene de los objetos –y los objetos son divinos- pone un sujeto cognoscente; produjo por primera vez en la historia del conocimiento la posibilidad de acercarnos al mecanismo de producción de conocimiento.
Freud, retomando a Kant, explica que el sujeto había tenido tres heridas narcisísticas profundas: la revolución copernicana, la revolución de Darwin en tanto descentró al sujeto biológico, el hombre que era el centro de la cadena biológica pierde ese lugar y ahora es sólo eslabón de la cadena de los seres vivos. La tercera herida narcisística, dice Freud que pretende que así lo sea, es la producción de la teoría del inconsciente, que descentra al sujeto de la conciencia y lo supone determinado por un sistema más arcaico, diferente de la conciencia, que no sólo se diferencia de ella, sino que también la determina y la genera. Si la revolución copernicana nos muestra la certeza sensible como incapaz de producir conocimiento, la revolución freudiana nos muestra el pensamiento consciente como incapaz de producir pensamiento; subvierte el cogito cartesiano. Ese hombre que piensa donde es, porque la ideología que lo cobija es su ser consciente, se transformará en pienso donde no soy, en el inconsciente.
Podríamos decir que Freud omite la herida narcisística que produce el materialismo histórico, omite aunque no desconoce la teoría del valor, donde el sujeto social deja de ser el sujeto individuo para pasar a estar determinado por las relaciones sociales. Se descentra el sujeto social; no elijo ser una posición en el sistema de clases, sino que el conjunto de mis relaciones sociales determina mi posición en el sistema.
La lingüística, unos años después de la producción de La interpretación de los sueños, produce también su objeto de conocimiento –que como en todos los casos que estamos viendo- nada tiene que ver con la cosa. Y así como en 1900 hay una separación definitiva entre el inconsciente y la conciencia, en 1906/07 la lingüística produce una separación definitiva entre la palabra y la cosa.
Todas estas producciones hacen que el hombre viva una serie de descentramientos, que descubra o produzca relaciones de él con los otros y de él con el universo, donde en todas aparece como una parte excéntrica del sistema que se compromete a descubrir o a producir. Es como si todas estas ciencias fueran descubriendo una carencia en el hombre, carencia de la cual, pareciera ser, se parte para poder ser.
El inconsciente, en su expresión, nunca va a coincidir con aquello que es, en tanto para su expresión, por su manera de haber sido constituido, necesitará una transformación.
Necesitamos como un pensar a contratiempo para ingresar en estos campos de las ciencias conjeturales. Las prácticas científicas no pueden ser prácticas teóricas solamente ni prácticas técnicas solamente. Parece ser que la actividad científica se caracteriza por una compleja articulación entre la práctica teórica y la práctica técnica. Esa articulación compleja, de la idea sensible al concepto formal abstracto, y del objeto formal abstracto a la determinación del objeto sensible.
Esto sólo lo podemos decir una vez operada la ruptura. Una ciencia, un campo teórico, produce una ruptura que lo transforma en ciencia cuando se ha producido el objeto de conocimiento.
Antes de la producción del objeto de conocimiento, el inconsciente, era muy difícil o absolutamente imposible saber nada de la realidad inconsciente, no podía haber práctica científica.
¿Qué tiene de malo la práctica ideológica? Solamente que es ciega a su determinación, no puede prever los resultados, y frente a cualquier obstáculo de la realidad se transforma.
Inconsciente, objeto de conocimiento con el cual ahora voy a la práctica técnica psicoanalítica, llevando el objeto de conocimiento como instrumento; el concepto inconsciente y la articulación con los conceptos de campo. Instrumento con el cual las ciencias van a transformar la realidad, van a ejecutar la práctica técnica.
Antes de la ruptura, en el trabajo precientífico voy desde el objeto sensible a la formulación del objeto formal abstracto. Después de la ruptura cambia el sentido de la investigación: voy desde el objeto de conocimiento, de los objetos formales abstractos, a la determinación de lo real. En las ciencias conjeturales lo real no existe sino al final. Lo real sólo existe después de haber producido el objeto de conocimiento y sólo existe después de haber producido el objeto de conocimiento y transportarlo a la práctica técnica como instrumento, y ahí recién conozco el inconsciente de una persona determinada, objeto real.
En psicoanálisis hablamos de una ruptura a nivel teórico, filosófico y a nivel ideológico. Estamos hablando de la ruptura teórica: aquel descentramiento que produce la teoría del inconsciente en el sujeto del inconsciente respecto de su conciencia. La ruptura filosófica es donde el psicoanálisis, como modo de producción científica, parte para investigar el campo, del último efecto producido por el sistema, es decir, ya no es una ciencia de causas. Cuando estudio los sueños, en lugar de empezar la investigación en el deseo inconsciente, la causa de la producción del sueño manifiesto, como hubiera hecho Laplace, quien pensaba que si poseía todas las causas, podría determinar la producción de todos los efectos. Positivismo lógico. Freud, a partir del último objeto del sistema, el sueño contado, es decir, deformado por el soñante, la palabra, el síntoma, no la parálisis braquial, produce una ruptura en el lugar donde determina cuáles son los procesos del conocimiento científico.
Por lo tanto el psicoanálisis es una ruptura filosófica al determinar que el proceso de investigación psicoanalítico es un proceso que parte de los efectos, determina una ruptura filosófica en el lugar donde la filosofía habla de la producción del conocimiento. Por lo tanto el psicoanálisis puede ser una de las ciencias piloto para la redefinición de la filosofía.
Si parto del efecto y voy reconstruyendo operaciones, entonces interpreto la causa. Tengo el sueño manifiesto, la asociación libre determinada técnicamente y ahí luego hago construcción de operadores y digo, desplazamiento y condensación, puesta en escena, simbolización. Con esto construyo, interpreto la existencia de una fuerza capaz de actuar sin mostrarse. Una fuerza que proviene de un lugar diferente de donde acontece el hecho, pero que tiene la capacidad de producirlo. Construyo, interpreto una fuerza a la que denomino: deseo inconsciente. Después de hacer esta construcción teórica, debemos especular que el trabajo real del sueño es el siguiente: la materia prima es el deseo inconsciente, los instrumentos que actúan sobre el deseo inconsciente son la condensación y el desplazamiento y se produce el sueño manifiesto –trabajo real del sueño-. Si pensamos que el psicoanálisis tendrá que inscribirse socialmente en lo que normalmente se llama salud mental, pedagogía, familia, tendríamos que pensar que sería mejor poder regular y prever las transformaciones, tanto las pedagógicas como a nivel de la salud y la familia. Y si no disponemos de una estructuración teórica, si sólo disponemos del bienestar que nos brinda la ideología, nunca podremos regular ni prever las transformaciones producidas. Esto quiere decir que comienzan a complicarse las cosas. No es que el trabajo ideológico no produzca efectos, el trabajo ideológico produce efectos. La psicología conductista también cura pacientes, el psicoanálisis kleiniano, la medicina general, el arte de bordar, los viajes rápidos a Grecia, también curan pacientes. Pero estos métodos, aplicados al campo psíquico, no pueden regular ni prever los efectos que producen. Por lo tanto no pueden hacer ni diagnóstico, ni pronóstico, ni plan de tratamiento.
Si algo vimos hasta aquí, nos permitimos pasar de los caldeos a 1895, donde la conciencia era el centro de todos los fenómenos psíquicos, donde la histeria era confundida con un capricho o, en la mayoría de los casos, como una producción orgánica que afectaba, no se sabía por qué, los procesos psíquicos.
En este campo precientífico (anterior a La interpretación de los sueños) Freud comienza a trabajar sus primeros escritos. Él es el más grande de los conciencialistas, el último.
Quiero decir que una lectura productiva de la obra de Sigmund Freud requeriría también una lectura epistemológica de su obra, en tanto Freud no es todo el tiempo aquel que produce el concepto inconsciente. Él también es un racionalista que duda. También sueña si va a terminar creyendo que los procesos psicológicos se transforman psicológicamente, o si cuando el proceso psicológico ha invadido el cuerpo debe aplicar la medicina, la biología, para su tratamiento (análisis del sueño de Irma).
La producción teórica se moviliza y se cuestiona en contacto con el experimento. Es Anna O. la que le dice a Breuer, por favor déjeme hablar, es Emma la que le dice a Freud, no me hipnotice más, cambie de técnica, la hipnosis no sirve para el objeto que usted está investigando, el inconsciente.
Como Freud tenía intención que su tarea sea científica, no sólo modifica la técnica, sino que va a revisar la teoría. Es Emma quien le dice, por favor, déjeme contar los sueños. Y es Elizabeth quien lleva a Freud en la relación transferencial a que escriba el Proyecto de Psicología. Producción en la que Freud intenta dar un fundamento científico a su descubrimiento. Y científico para Freud en 1895 era con el modelo de las ciencias naturales.
Es también Elizabeth quien dice a Freud, por favor no me interrumpa. Hablar y soñar sin interrupción son características fundamentales del objeto inconsciente.
Palabras que nunca escuchamos o si escuchamos estaban articuladas de otra manera. Todo eso ocurre en la página donde Freud escribe qué es el sistema inconsciente por primera vez en la historia de la psicología, cuando Freud produce el objeto formal abstracto: Inconsciente. Se produce; si después no cristaliza social o ideológicamente no es un problema de la ciencia, es el problema de la transformación de la sociedad en la cual la ciencia colabora como cualquier disciplina, es decir, en la articulación de las prácticas. Es un problema de la ciencia en el lugar donde le corresponde practicar con otras disciplinas un conjunto armónico de transformación. La ciencia es importante en el campo científico que se quiere producir; vamos a hablar del hombre psicológico, del ser psíquico, y ahí es importante la ciencia.
La importancia de la ciencia, hemos visto, es relativa. En el gran mundo, dentro de la metáfora de todo lo posible que es la realidad, la ciencia es un punto minúsculo, que sabe todo pero solamente de aquello que determina. Del inconsciente que se reprime para poder un hombre social, de eso el psicoanálisis lo sabe todo, pero solamente de eso. El inconsciente que se reprime por otros motivos o que no se reprime o que aparece como magia o como ideología, no es objeto del psicoanálisis.
Así como el principio de constancia fue tomado por la ciencia, instrumentado, redefinido y fue útil para la producción de una ciencia de lo intersubjetivo, el instrumento teórico psicoanalítico, su concepto de inconsciente, puede ser redefinido en otras prácticas ideológicas y transformarlas en prácticas científicas. Desde 1930 se trata de trabajar en el campo de la ideología, tratarla con el instrumento psicoanalítico, ya que se sabe desde Marx que la ideología es inconsciente. Llevados por la similitud de las palabras y de las posibilidades, varios científicos intentaron esta unión entre psicoanálisis y marxismo. Desde las equivocaciones sexuales de Reich dentro del campo, hasta las equivocaciones de Marcuse, hasta los errores filosóficos de la escuela italiana, incluido Luporini, que fue uno de los primeros en decir, desde el marxismo, que el psicoanálisis podría ser instrumento teórico para la producción de una teoría de las ideologías.
Quisiera dar a entender que no quiero ser puntual, que seguramente por otros motivos que los que diré, la Escuela de París, Althusser entre ellos, aunque los resultados eran diferentes, les guía el mismo principio que a los marxistas italianos. Es decir, parten de un déficit teórico, punto de partida para que otra ciencia, el psicoanálisis, pueda ser un instrumento de lectura de las ideologías. A partir de ese momento se está tratando de procesar si el Psicoanálisis es o no una ciencia.
El discurso de Mario Bunge se inscribe dentro de esta polémica. Es muy importante para el positivismo lógico, negar la cientificidad del psicoanálisis, el psicoanálisis pasaría a ser el instrumento de precisión en el campo de las ideologías.
Esto dio de ganar al marxismo en el sentido que el marxismo carecía, hasta el acontecimiento del psicoanálisis, de una teoría del sujeto. Como precisamente Marx lo dice, esto que estoy explicando no sirve ni para el amor, ni para el arte. Si no sirve ni para el amor ni para el arte, no sirve para el sujeto. Por lo tanto, la teoría del valor o la teoría de la historia no sirve, no da cuenta del sujeto del arte y del sujeto del amor. No era posible una revolución –como la historia lo demuestra- cambiando solamente las estructuras de producción de mercancías. Era necesario para la revolución, cambiar las estructuras de producción de mercancías, de la producción de ideología, de la producción de amor y de la producción de arte.
Eso estaba más independiente de lo que se suponía de la infraestructura. Entonces, Marx escribe dos prólogos al Método de la Economía Política. Uno en el 57 y otro en el 59. El que funciona en los partidos marxistas, en los gobiernos comunistas, es el segundo prólogo, donde él aclara que la infraestructura económica es la estructura determinante. Sin embargo, en el prólogo del 57 Marx muestra claramente cómo sin una dialéctica precisa entre la infraestructura y la superestructura, es decir, la ideología, el amor, el arte, la ley, era absolutamente imposible la transformación de las estructuras.
No bastó la transformación de la estructura económica de producción para que la familia cambiara de padecer y de parecer. Después de cincuenta años, en la Unión Soviética las familias vuelven a recuperar a sus hijos, el gobierno soviético prefiere ahora que la mujer embarazada, a punto de tener el niño, tome vacaciones. Esto es un triunfo de la familia sobre el estado comunista soviético en tanto éste había decidido -y esto duró cincuenta años- que los niños al nacer pasaban a las guarderías del Estado para que la madre no abandonara la producción. Y eso que era una reivindicación de la mujer: se transformó en una vuelta de la mujer al hogar, a cuidar a sus hijos, es decir, a ser la dueña una vez más de la ideología que va a transmitir a su pequeño vástago.
Sin una transformación de los modelos ideológicos que forman la familia, que forman a los hijos, que educan a los adolescentes y que enseñan a los universitarios, no puede haber transformación de las sociedades ni de las relaciones de los hombres y mujeres de esas sociedades.
Lo más interesante que quiero mostrar, es que entre el prólogo del 57 y el prólogo del 59 de Marx, la única diferencia es que el primero era muy difícil de hacerlo político, era demasiado teórico, hablaba de una armonía entre la producción de la mercancía y la producción de sentido, entre la ley que regulaba el trabajo y el contrato de trabajo. No como nosotros sabemos que la ley que regula el trabajo se genera en la fábrica; la ley no se genera entre los legisladores del trabajo, sino entre el patrón y el contrato que según el grado de desempleo obtiene plusvalía absoluta o relativa, y desde ese contrato de trabajo eso se jerarquiza como ley.
El prólogo del 59 pasa porque pasa la ideología, porque entre las dos cosas que hubiese preferido Marx: que se procesara teóricamente la realidad, los marxistas hemos preferido hasta ahora procesar ideología. Marx llega a decir que no vayan a pensar que un burgués es un señor con cadena de oro en el vientre. Eso que normalmente se utiliza para muchos motivos, ha servido para mostrar cómo la historia del hombre es discontinua, para mostrar que no hay ninguna sociedad eterna, ni siquiera la sociedad burguesa, que toda sociedad es producto histórico de la transformación de una sociedad anterior. Por lo tanto, toda sociedad puede generar otra sociedad.
El marxismo produce este punto de discontinuidad histórico sin el cual el hombre no sería hombre. Si nada hubiese pasado entre el mono y nosotros, si no hubiese habido una discontinuidad, si no se hubiese producido una ruptura, no seríamos hombre, seríamos mono.
Lo fundamental de esta teoría, para nosotros, es el tiempo que maneja el marxismo, el que maneja el materialismo histórico, el que impone la palabra recurrencia, es decir, que yo no podría -diría Marx-, en la sociedad feudal, saber que iba a venir la sociedad burguesa. Pero puedo, desde la sociedad burguesa, leer en la sociedad feudal, aquellas causas que produjeron la sociedad burguesa. En la sociedad burguesa actual no puedo saber qué va a pasar después, pero puedo, después de pasado, encontrar desde ahí, en esa prehistoria, los modos en que se produjo esa nueva situación.
Y así, de esa manera, debemos entrar en lo que se llama el tiempo del psicoanálisis. Freud, en la desesperación en demostrar que el tiempo del inconsciente era diferente al tiempo de la conciencia dijo: en el inconsciente no hay tiempo. Con esto quería decir que el tiempo del reloj no sirve para medir el tiempo de los procesos inconscientes.
Son varias las rupturas que se producen con la producción del inconsciente. Una ruptura con respecto a la conciencia, en tanto el centro del psiquismo humano no será más la conciencia sino el inconsciente. Una ruptura con respecto a la filosofía de la producción científica, en tanto parte de los efectos últimos del trabajo inconsciente, el habla y, por un trabajo de interpretación psicoanalítica, produce la estructura determinante de dicho efecto. No tiene primero la causa y luego el efecto. Parte de los efectos, los trabaja como materia prima -como materia natural ya trabajada- y, por un proceso de construcción, produce teóricamente la estructura que lo determina. El tiempo de este proceso va de adelante para atrás y no de atrás para adelante como el tiempo del reloj.
El tiempo del inconsciente es el futuro anterior, que es un tiempo diferente al de nuestra conciencia, al que usamos cuando vivimos nuestra vida cotidiana. Decimos, entonces, que el inconsciente produjo también una ruptura con respecto a la vida.
Cuando mi mamá me quita el pecho a los cuatro meses no me doy cuenta de nada. Me doy cuenta cuando dentro de unos años –que pueden ser 1, 2 ó 35- comprendo que los niños pequeños toman el pecho. El inconsciente se constituye por après coup, por recurrencia, por acción diferida, funciona en mí sin que yo sepa nada de él, pero es un saber que sin saber poseo. Y éste es el nuevo campo ideológico que abre el psicoanálisis: el de un saber no sabido por el sujeto.
Y si sangra el hombre por varias heridas, con la producción del inconsciente, fue también una herida (creo del mismo calibre) decirle al hombre que la vida sexual tenía tamaña importancia en su vida psíquica.
Escrito por: miguelmenassa el 03 Ene 2009 - URL Permanente
En una reconstrucción moderna de la historia de las ciencias, de la historia del pensamiento del hombre, podríamos decir que el símbolo matemático es el primer acontecimiento simbólico diferente del único símbolo existente hasta su aparición, es decir, Dios.
Es de una aparente facilidad entender que los procesos de producción científicos difieren de otro tipo de procesos: los ideológicos, los religiosos, los mágicos.
Este mecanismo de producción de las ciencias tiene un distanciamiento de la realidad, hay una ruptura con la realidad y se va a producir después de las matemáticas cada vez que se produzca un concepto, es decir, cada vez que se produzca un símbolo va a acontecer este distanciamiento de lo real de la experiencia sensible.
Deberíamos plantear una especie de tesis que luego nos permita su desarrollo. Por ejemplo decir: entendemos por ruptura el efecto cuyo producto es la teoría fundada científicamente. Ruptura es la distancia puesta con la experiencia sensible.
Ruptura epistemológica es un tiempo sin retorno, en todos los casos producto efecto de un trabajo teórico, desde el cual podemos dar cuenta, como ideológico o precientífico, de todo lo que acontecía en el campo hasta el tiempo de la ruptura. En psicoanálisis la obra La Interpretación de los Sueños funda el campo psicoanalítico porque produce un objeto de conocimiento, el Inconsciente, y produce con este concepto un punto de ruptura, es el momento de la obra de Freud desde el cual podemos mirar todo lo anterior acontecido en el campo y denominarlo ideológico y precientífico.
Miro el sol, reconozco en el sol un astro celeste, reconozco su existencia, pero desconozco su movimiento real y confundo su movimiento aparente, sensible, con su movimiento real.
Miro el sol quiere decir percibo el sol, me manejo con nociones imaginantes, tengo una ideología acerca del sol y su movimiento, que me dictan mis sentidos. Proyecto una teoría con esta ilusión que generan mis sentidos. Arribo a la teoría ptolomeica donde, con ese conjunto de nociones imaginantes, construyo un sistema imaginario. ¿Por qué digo imaginario? Porque ya tenemos la teoría copernicana, porque puedo decir imaginario después del acontecimiento de la palabra que nos reúne: lo que llamamos ruptura.
Por lo tanto revolución copernicana es el momento en el cual Copérnico nos enseña que la percepción de nuestros sentidos, lo más evidente para nuestro hombre, es precisamente ilusorio. Esta revolución nunca se ha asumido definitivamente; lo más evidente en mí, mis sentidos, son los responsables de la producción de ilusiones, es decir, reconocen la realidad pero no saben de ella, sino aquello que padecen.
Momento ideológico por excelencia: reconozco y al mismo tiempo, simultáneamente, desconozco. Por ejemplo, reconozco tener deseos, pasiones, sentimientos. Desconozco la dirección de mis deseos, el origen de mis pasiones. Padezco mis deseos como síntomas. Reconozco el fenómeno, me doy cuenta que el sol es un astro, que la tierra es un planeta, percibo una relación sistémica entre ese conjunto, pero desconozco el verdadero movimiento del sistema y confundo la apariencia con la verdad.
Desarrollo que la experiencia sensible con respecto al sol es imaginaria, en tanto produzco teóricamente. No me coloco en un lugar excéntrico del sistema solar con un avión, no me muevo de la silla donde estoy escribiendo y produzco la verdad estructural del sistema solar, que me dice que lo que yo veo estando parado sobre la tierra es una ilusión generada por el lugar que la tierra ocupa en el sistema solar.
Copérnico produce –con su producción teórica- una herida narcisista en la Humanidad. El Hombre, que tenía una concepción geocéntrica del universo, tiene que conformarse con que su planeta sea más pequeño y gire alrededor de otro centro. Esto sería haber transformado, haber producido un efecto cuyo producto es la teoría copernicana, heliocéntrica, fundamentada científicamente, que lee como ideológico y precientífico -ahora que está fundada- lo anterior, el campo del cual proviene.
Los habitantes del paleolítico cuentan con los dedos, cuentan hasta cinco, después de cinco es infinito. Los caldeos, los fenicios, los prepitagóricos de la escuela itálica, contaban con los nudillos. Formas mecánicas donde llegaban a efectuar algunos cocientes, algunas multiplicaciones, procesos de agregación.
Estoy yendo a la ruptura por excelencia, ya que por primera vez en el pensamiento contemporáneo (o lo que podríamos llamar pensamiento contemporáneo, como todo aquello que viene después de la escritura) hay una producción denominada científica. Producción que es de tal importancia para la producción de otras ciencias o de otros universos científicos, que, podríamos decir, la producción del número natural es el “inconsciente” de la producción científica en general.
Antes del número natural los intercambios se realizaban en la realidad entre objetos reales. En un lugar del intercambio estaban los dedos, el ábaco, las piedritas y en otro lugar del intercambio, también como objeto real, estaba lo que se iba a cambiar: vacas, mecheros.
Podemos decir, desde nuestro saber actual, que para que aquella operación fuera posible, los sujetos del intercambio tenían que tener un concepto imaginario de cantidad. Cuando yo pedía 3 mostrando mis dedos, si me daban más o menos que mis 3 dedos, ese registro imaginario de cantidad me hacía notar la diferencia. Registro imaginario de cantidad y registro imaginario de valor, en tanto, antes de la aparición de la producción de la serie de los números naturales, el hombre no solamente intercambiaba 3 por 3, sino que también intercambiaba 3 por 10. Tenía concepto imaginario de valor, intercambiaba 3 vacas por diez ovejas. Y esto no era porque el de las 10 ovejas era estafado por el de las 3 vacas, sino porque había un concepto imaginario de valor que decía que 3 vacas eran equivalentes a 10 ovejas.
Con la producción del número natural cae asesinado, como dicen los teóricos, uno de los conjuntos reales que intervenían en el intercambio. Cuando del criterio de agregación de elementos reales que se usaban para contar, un dedo y otro y otro, se pasa a la operación formal abstracta de la suma, ya que no necesito para el intercambio uno de los objetos reales. Ahora me guardo los dedos en los bolsillos y digo el número 3 que es un símbolo. La producción del símbolo permite ahora darle número a la cantidad sin necesidad del objeto real.
Reconozco mis deseos, padezco, inhibo, reprimo mis deseos, pero desconozco la estructura determinante de mis deseos.
Reconozco el sol, desconozco su movimiento real y confundo por real su movimiento aparente.
Desconozco la causa productora de mi deseo pero padezco y reconozco, en esa conducta, un deseo.
Toda ciencia proviene de un campo que por ahora nosotros vamos a llamar precientífico o ideológico. La ciencia, para ser, necesita trabajar materia prima. La materia prima, que se trabaja en lo que conocemos como producción de una ruptura, son las nociones.
No es materia natural, no es palabra, no son frases sueltas. Son nociones y las nociones son las unidades del discurso de la ideología.
Si no me preguntan sé, si me preguntan no sé, como la definición del tiempo del sabio griego.
Esto es lo que cualquier hombre puede llegar a decir de cualquier noción. Si no me preguntan por el tiempo sé, el tiempo de mi vida, el tiempo del amor, del trabajo, de mi descanso de mi excitación sexual. Si me preguntan por el tiempo no sé. No sé qué decir. Reconozco en mí el pasaje del tiempo, desconozco los instrumentos formales que me darían un conocimiento del tiempo.
Antes de la fórmula de la velocidad, por ejemplo, las nociones con las que trabajaba el campo físico (nociones de velocidad, de espacio, de tiempo) no podían concluir en una formulación tal que diera cuenta de esos procesos. Pero no eran simples imaginerías, eran nociones. Si un móvil llegaba más rápido que otro móvil recorriendo la misma distancia, podíamos decir que era más veloz, o podíamos ser un niño diciendo que eso era velocidad, o que el tiempo es algo que transcurre.
Estas nociones, unidades del discurso de la ideología física, no pueden producir una formulación abstracta, hasta que no se las trabaja con un instrumento proveniente de las matemáticas: las magnitudes geométricas.
La elemental física de Galileo acontece 2.000 años después del procesamiento de las magnitudes geométricas. Magnitudes geométricas que tomamos de la geometría, sin contenido, lo que tomamos es la abstracción y todas sus leyes.
En ese vacío formal que la física toma de las matemáticas, es donde ahora vamos a generar una abstracción tal que me permita saber la velocidad, el tiempo y el espacio por la relación invariable que establezco entre ellos con el instrumento tomado de las matemáticas (el vacío formal del concepto de magnitudes geométricas -- = --, sus leyes de relación) y así llego, mediante un trabajo de producción teórica, al concepto formal abstracto donde velocidad es igual a espacio sobre tiempo, donde el tiempo es igual a espacio sobre velocidad y espacio es igual a velocidad sobre tiempo. Tengo un concepto formal abstracto.
Kant produjo una ruptura porque en un mundo esencial donde el conocimiento proviene de los objetos –y los objetos son divinos- pone un sujeto cognoscente; produjo por primera vez en la historia del conocimiento la posibilidad de acercarnos al mecanismo de producción de conocimiento.
Freud, retomando a Kant, explica que el sujeto había tenido tres heridas narcisísticas profundas: la revolución copernicana, la revolución de Darwin en tanto descentró al sujeto biológico, el hombre que era el centro de la cadena biológica pierde ese lugar y ahora es sólo eslabón de la cadena de los seres vivos. La tercera herida narcisística, dice Freud que pretende que así lo sea, es la producción de la teoría del inconsciente, que descentra al sujeto de la conciencia y lo supone determinado por un sistema más arcaico, diferente de la conciencia, que no sólo se diferencia de ella, sino que también la determina y la genera. Si la revolución copernicana nos muestra la certeza sensible como incapaz de producir conocimiento, la revolución freudiana nos muestra el pensamiento consciente como incapaz de producir pensamiento; subvierte el cogito cartesiano. Ese hombre que piensa donde es, porque la ideología que lo cobija es su ser consciente, se transformará en pienso donde no soy, en el inconsciente.
Podríamos decir que Freud omite la herida narcisística que produce el materialismo histórico, omite aunque no desconoce la teoría del valor, donde el sujeto social deja de ser el sujeto individuo para pasar a estar determinado por las relaciones sociales. Se descentra el sujeto social; no elijo ser una posición en el sistema de clases, sino que el conjunto de mis relaciones sociales determina mi posición en el sistema.
La lingüística, unos años después de la producción de La interpretación de los sueños, produce también su objeto de conocimiento –que como en todos los casos que estamos viendo- nada tiene que ver con la cosa. Y así como en 1900 hay una separación definitiva entre el inconsciente y la conciencia, en 1906/07 la lingüística produce una separación definitiva entre la palabra y la cosa.
Todas estas producciones hacen que el hombre viva una serie de descentramientos, que descubra o produzca relaciones de él con los otros y de él con el universo, donde en todas aparece como una parte excéntrica del sistema que se compromete a descubrir o a producir. Es como si todas estas ciencias fueran descubriendo una carencia en el hombre, carencia de la cual, pareciera ser, se parte para poder ser.
El inconsciente, en su expresión, nunca va a coincidir con aquello que es, en tanto para su expresión, por su manera de haber sido constituido, necesitará una transformación.
Necesitamos como un pensar a contratiempo para ingresar en estos campos de las ciencias conjeturales. Las prácticas científicas no pueden ser prácticas teóricas solamente ni prácticas técnicas solamente. Parece ser que la actividad científica se caracteriza por una compleja articulación entre la práctica teórica y la práctica técnica. Esa articulación compleja, de la idea sensible al concepto formal abstracto, y del objeto formal abstracto a la determinación del objeto sensible.
Esto sólo lo podemos decir una vez operada la ruptura. Una ciencia, un campo teórico, produce una ruptura que lo transforma en ciencia cuando se ha producido el objeto de conocimiento.
Antes de la producción del objeto de conocimiento, el inconsciente, era muy difícil o absolutamente imposible saber nada de la realidad inconsciente, no podía haber práctica científica.
¿Qué tiene de malo la práctica ideológica? Solamente que es ciega a su determinación, no puede prever los resultados, y frente a cualquier obstáculo de la realidad se transforma.
Inconsciente, objeto de conocimiento con el cual ahora voy a la práctica técnica psicoanalítica, llevando el objeto de conocimiento como instrumento; el concepto inconsciente y la articulación con los conceptos de campo. Instrumento con el cual las ciencias van a transformar la realidad, van a ejecutar la práctica técnica.
Antes de la ruptura, en el trabajo precientífico voy desde el objeto sensible a la formulación del objeto formal abstracto. Después de la ruptura cambia el sentido de la investigación: voy desde el objeto de conocimiento, de los objetos formales abstractos, a la determinación de lo real. En las ciencias conjeturales lo real no existe sino al final. Lo real sólo existe después de haber producido el objeto de conocimiento y sólo existe después de haber producido el objeto de conocimiento y transportarlo a la práctica técnica como instrumento, y ahí recién conozco el inconsciente de una persona determinada, objeto real.
En psicoanálisis hablamos de una ruptura a nivel teórico, filosófico y a nivel ideológico. Estamos hablando de la ruptura teórica: aquel descentramiento que produce la teoría del inconsciente en el sujeto del inconsciente respecto de su conciencia. La ruptura filosófica es donde el psicoanálisis, como modo de producción científica, parte para investigar el campo, del último efecto producido por el sistema, es decir, ya no es una ciencia de causas. Cuando estudio los sueños, en lugar de empezar la investigación en el deseo inconsciente, la causa de la producción del sueño manifiesto, como hubiera hecho Laplace, quien pensaba que si poseía todas las causas, podría determinar la producción de todos los efectos. Positivismo lógico. Freud, a partir del último objeto del sistema, el sueño contado, es decir, deformado por el soñante, la palabra, el síntoma, no la parálisis braquial, produce una ruptura en el lugar donde determina cuáles son los procesos del conocimiento científico.
Por lo tanto el psicoanálisis es una ruptura filosófica al determinar que el proceso de investigación psicoanalítico es un proceso que parte de los efectos, determina una ruptura filosófica en el lugar donde la filosofía habla de la producción del conocimiento. Por lo tanto el psicoanálisis puede ser una de las ciencias piloto para la redefinición de la filosofía.
Si parto del efecto y voy reconstruyendo operaciones, entonces interpreto la causa. Tengo el sueño manifiesto, la asociación libre determinada técnicamente y ahí luego hago construcción de operadores y digo, desplazamiento y condensación, puesta en escena, simbolización. Con esto construyo, interpreto la existencia de una fuerza capaz de actuar sin mostrarse. Una fuerza que proviene de un lugar diferente de donde acontece el hecho, pero que tiene la capacidad de producirlo. Construyo, interpreto una fuerza a la que denomino: deseo inconsciente. Después de hacer esta construcción teórica, debemos especular que el trabajo real del sueño es el siguiente: la materia prima es el deseo inconsciente, los instrumentos que actúan sobre el deseo inconsciente son la condensación y el desplazamiento y se produce el sueño manifiesto –trabajo real del sueño-. Si pensamos que el psicoanálisis tendrá que inscribirse socialmente en lo que normalmente se llama salud mental, pedagogía, familia, tendríamos que pensar que sería mejor poder regular y prever las transformaciones, tanto las pedagógicas como a nivel de la salud y la familia. Y si no disponemos de una estructuración teórica, si sólo disponemos del bienestar que nos brinda la ideología, nunca podremos regular ni prever las transformaciones producidas. Esto quiere decir que comienzan a complicarse las cosas. No es que el trabajo ideológico no produzca efectos, el trabajo ideológico produce efectos. La psicología conductista también cura pacientes, el psicoanálisis kleiniano, la medicina general, el arte de bordar, los viajes rápidos a Grecia, también curan pacientes. Pero estos métodos, aplicados al campo psíquico, no pueden regular ni prever los efectos que producen. Por lo tanto no pueden hacer ni diagnóstico, ni pronóstico, ni plan de tratamiento.
Si algo vimos hasta aquí, nos permitimos pasar de los caldeos a 1895, donde la conciencia era el centro de todos los fenómenos psíquicos, donde la histeria era confundida con un capricho o, en la mayoría de los casos, como una producción orgánica que afectaba, no se sabía por qué, los procesos psíquicos.
En este campo precientífico (anterior a La interpretación de los sueños) Freud comienza a trabajar sus primeros escritos. Él es el más grande de los conciencialistas, el último.
Quiero decir que una lectura productiva de la obra de Sigmund Freud requeriría también una lectura epistemológica de su obra, en tanto Freud no es todo el tiempo aquel que produce el concepto inconsciente. Él también es un racionalista que duda. También sueña si va a terminar creyendo que los procesos psicológicos se transforman psicológicamente, o si cuando el proceso psicológico ha invadido el cuerpo debe aplicar la medicina, la biología, para su tratamiento (análisis del sueño de Irma).
La producción teórica se moviliza y se cuestiona en contacto con el experimento. Es Anna O. la que le dice a Breuer, por favor déjeme hablar, es Emma la que le dice a Freud, no me hipnotice más, cambie de técnica, la hipnosis no sirve para el objeto que usted está investigando, el inconsciente.
Como Freud tenía intención que su tarea sea científica, no sólo modifica la técnica, sino que va a revisar la teoría. Es Emma quien le dice, por favor, déjeme contar los sueños. Y es Elizabeth quien lleva a Freud en la relación transferencial a que escriba el Proyecto de Psicología. Producción en la que Freud intenta dar un fundamento científico a su descubrimiento. Y científico para Freud en 1895 era con el modelo de las ciencias naturales.
Es también Elizabeth quien dice a Freud, por favor no me interrumpa. Hablar y soñar sin interrupción son características fundamentales del objeto inconsciente.
Palabras que nunca escuchamos o si escuchamos estaban articuladas de otra manera. Todo eso ocurre en la página donde Freud escribe qué es el sistema inconsciente por primera vez en la historia de la psicología, cuando Freud produce el objeto formal abstracto: Inconsciente. Se produce; si después no cristaliza social o ideológicamente no es un problema de la ciencia, es el problema de la transformación de la sociedad en la cual la ciencia colabora como cualquier disciplina, es decir, en la articulación de las prácticas. Es un problema de la ciencia en el lugar donde le corresponde practicar con otras disciplinas un conjunto armónico de transformación. La ciencia es importante en el campo científico que se quiere producir; vamos a hablar del hombre psicológico, del ser psíquico, y ahí es importante la ciencia.
La importancia de la ciencia, hemos visto, es relativa. En el gran mundo, dentro de la metáfora de todo lo posible que es la realidad, la ciencia es un punto minúsculo, que sabe todo pero solamente de aquello que determina. Del inconsciente que se reprime para poder un hombre social, de eso el psicoanálisis lo sabe todo, pero solamente de eso. El inconsciente que se reprime por otros motivos o que no se reprime o que aparece como magia o como ideología, no es objeto del psicoanálisis.
Así como el principio de constancia fue tomado por la ciencia, instrumentado, redefinido y fue útil para la producción de una ciencia de lo intersubjetivo, el instrumento teórico psicoanalítico, su concepto de inconsciente, puede ser redefinido en otras prácticas ideológicas y transformarlas en prácticas científicas. Desde 1930 se trata de trabajar en el campo de la ideología, tratarla con el instrumento psicoanalítico, ya que se sabe desde Marx que la ideología es inconsciente. Llevados por la similitud de las palabras y de las posibilidades, varios científicos intentaron esta unión entre psicoanálisis y marxismo. Desde las equivocaciones sexuales de Reich dentro del campo, hasta las equivocaciones de Marcuse, hasta los errores filosóficos de la escuela italiana, incluido Luporini, que fue uno de los primeros en decir, desde el marxismo, que el psicoanálisis podría ser instrumento teórico para la producción de una teoría de las ideologías.
Quisiera dar a entender que no quiero ser puntual, que seguramente por otros motivos que los que diré, la Escuela de París, Althusser entre ellos, aunque los resultados eran diferentes, les guía el mismo principio que a los marxistas italianos. Es decir, parten de un déficit teórico, punto de partida para que otra ciencia, el psicoanálisis, pueda ser un instrumento de lectura de las ideologías. A partir de ese momento se está tratando de procesar si el Psicoanálisis es o no una ciencia.
El discurso de Mario Bunge se inscribe dentro de esta polémica. Es muy importante para el positivismo lógico, negar la cientificidad del psicoanálisis, el psicoanálisis pasaría a ser el instrumento de precisión en el campo de las ideologías.
Esto dio de ganar al marxismo en el sentido que el marxismo carecía, hasta el acontecimiento del psicoanálisis, de una teoría del sujeto. Como precisamente Marx lo dice, esto que estoy explicando no sirve ni para el amor, ni para el arte. Si no sirve ni para el amor ni para el arte, no sirve para el sujeto. Por lo tanto, la teoría del valor o la teoría de la historia no sirve, no da cuenta del sujeto del arte y del sujeto del amor. No era posible una revolución –como la historia lo demuestra- cambiando solamente las estructuras de producción de mercancías. Era necesario para la revolución, cambiar las estructuras de producción de mercancías, de la producción de ideología, de la producción de amor y de la producción de arte.
Eso estaba más independiente de lo que se suponía de la infraestructura. Entonces, Marx escribe dos prólogos al Método de la Economía Política. Uno en el 57 y otro en el 59. El que funciona en los partidos marxistas, en los gobiernos comunistas, es el segundo prólogo, donde él aclara que la infraestructura económica es la estructura determinante. Sin embargo, en el prólogo del 57 Marx muestra claramente cómo sin una dialéctica precisa entre la infraestructura y la superestructura, es decir, la ideología, el amor, el arte, la ley, era absolutamente imposible la transformación de las estructuras.
No bastó la transformación de la estructura económica de producción para que la familia cambiara de padecer y de parecer. Después de cincuenta años, en la Unión Soviética las familias vuelven a recuperar a sus hijos, el gobierno soviético prefiere ahora que la mujer embarazada, a punto de tener el niño, tome vacaciones. Esto es un triunfo de la familia sobre el estado comunista soviético en tanto éste había decidido -y esto duró cincuenta años- que los niños al nacer pasaban a las guarderías del Estado para que la madre no abandonara la producción. Y eso que era una reivindicación de la mujer: se transformó en una vuelta de la mujer al hogar, a cuidar a sus hijos, es decir, a ser la dueña una vez más de la ideología que va a transmitir a su pequeño vástago.
Sin una transformación de los modelos ideológicos que forman la familia, que forman a los hijos, que educan a los adolescentes y que enseñan a los universitarios, no puede haber transformación de las sociedades ni de las relaciones de los hombres y mujeres de esas sociedades.
Lo más interesante que quiero mostrar, es que entre el prólogo del 57 y el prólogo del 59 de Marx, la única diferencia es que el primero era muy difícil de hacerlo político, era demasiado teórico, hablaba de una armonía entre la producción de la mercancía y la producción de sentido, entre la ley que regulaba el trabajo y el contrato de trabajo. No como nosotros sabemos que la ley que regula el trabajo se genera en la fábrica; la ley no se genera entre los legisladores del trabajo, sino entre el patrón y el contrato que según el grado de desempleo obtiene plusvalía absoluta o relativa, y desde ese contrato de trabajo eso se jerarquiza como ley.
El prólogo del 59 pasa porque pasa la ideología, porque entre las dos cosas que hubiese preferido Marx: que se procesara teóricamente la realidad, los marxistas hemos preferido hasta ahora procesar ideología. Marx llega a decir que no vayan a pensar que un burgués es un señor con cadena de oro en el vientre. Eso que normalmente se utiliza para muchos motivos, ha servido para mostrar cómo la historia del hombre es discontinua, para mostrar que no hay ninguna sociedad eterna, ni siquiera la sociedad burguesa, que toda sociedad es producto histórico de la transformación de una sociedad anterior. Por lo tanto, toda sociedad puede generar otra sociedad.
El marxismo produce este punto de discontinuidad histórico sin el cual el hombre no sería hombre. Si nada hubiese pasado entre el mono y nosotros, si no hubiese habido una discontinuidad, si no se hubiese producido una ruptura, no seríamos hombre, seríamos mono.
Lo fundamental de esta teoría, para nosotros, es el tiempo que maneja el marxismo, el que maneja el materialismo histórico, el que impone la palabra recurrencia, es decir, que yo no podría -diría Marx-, en la sociedad feudal, saber que iba a venir la sociedad burguesa. Pero puedo, desde la sociedad burguesa, leer en la sociedad feudal, aquellas causas que produjeron la sociedad burguesa. En la sociedad burguesa actual no puedo saber qué va a pasar después, pero puedo, después de pasado, encontrar desde ahí, en esa prehistoria, los modos en que se produjo esa nueva situación.
Y así, de esa manera, debemos entrar en lo que se llama el tiempo del psicoanálisis. Freud, en la desesperación en demostrar que el tiempo del inconsciente era diferente al tiempo de la conciencia dijo: en el inconsciente no hay tiempo. Con esto quería decir que el tiempo del reloj no sirve para medir el tiempo de los procesos inconscientes.
Son varias las rupturas que se producen con la producción del inconsciente. Una ruptura con respecto a la conciencia, en tanto el centro del psiquismo humano no será más la conciencia sino el inconsciente. Una ruptura con respecto a la filosofía de la producción científica, en tanto parte de los efectos últimos del trabajo inconsciente, el habla y, por un trabajo de interpretación psicoanalítica, produce la estructura determinante de dicho efecto. No tiene primero la causa y luego el efecto. Parte de los efectos, los trabaja como materia prima -como materia natural ya trabajada- y, por un proceso de construcción, produce teóricamente la estructura que lo determina. El tiempo de este proceso va de adelante para atrás y no de atrás para adelante como el tiempo del reloj.
El tiempo del inconsciente es el futuro anterior, que es un tiempo diferente al de nuestra conciencia, al que usamos cuando vivimos nuestra vida cotidiana. Decimos, entonces, que el inconsciente produjo también una ruptura con respecto a la vida.
Cuando mi mamá me quita el pecho a los cuatro meses no me doy cuenta de nada. Me doy cuenta cuando dentro de unos años –que pueden ser 1, 2 ó 35- comprendo que los niños pequeños toman el pecho. El inconsciente se constituye por après coup, por recurrencia, por acción diferida, funciona en mí sin que yo sepa nada de él, pero es un saber que sin saber poseo. Y éste es el nuevo campo ideológico que abre el psicoanálisis: el de un saber no sabido por el sujeto.
Y si sangra el hombre por varias heridas, con la producción del inconsciente, fue también una herida (creo del mismo calibre) decirle al hombre que la vida sexual tenía tamaña importancia en su vida psíquica.
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