sábado, 3 de enero de 2009







Pelota
Escrito por: Ariel Santana on 02-01-2009

Manuel estaba muy inquieto. Se sentía confundido. Era la primera vez que su alma experimentaba el trágico combate desleal entra la fe y la razón. La existencia de tres seres misteriosos y eternos se confundía con la publicidad desenfrenada. La injusticias, la pobreza y las malas gratificaciones hacia su conducta ejemplar generaban la más sencilla de todas las cuestionantes que puede tener el ser humano: “Será que me están cogiendo de pendejo?”
Llegada la hora cero, no vacilo en poner en marcha su plan. Tenía que comprobar quien tenía la razón, si sus padres o sus amigos. Tenía que confirmar la existencia de los reyes magos o conformarse con pensar que eran un engaño sutil para esconder la miseria.
Esa noche cerró los ojos pero no durmió. Sintió unos pasos en la sala más no se atrevió a levantarse a ver quiénes eran ya que si los Reyes Magos realmente existían era mejor no encontrarse con ellos cara a cara, pues no es lo mismo llamar a los reyes a que ellos te manden a callar(sino pregúntenle a Chávez).
Cuando ya no se escuchaban los pasos se levantó y se fue de puntillas hacia la sala. Trataba de que sus pasos fuesen mudos para no despertar a su hermano menor ni a sus padres. Al llegar a la sala se encontró con varios regalos dentro de ellos dos pistolas de mito, dos yoyos y una pelota de baloncesto. Tanto las pistolas como los yoyos tenían cada una los nombres de Manuel y de su hermano en papel con cinta adhesiva, pero la pelota decía “Para Manuel y Julio”. Aquel regalo compartido fue la pieza clave para resolver aquel dilema. Manuel quito el pedazo de papel que tenía el nombre de su hermano y volvió a su cama. Esta vez se acostó a dormir.
Horas más tarde su hermano Julio se despertó animado y corrió a la sala para ver los juguetes que los Reyes Magos le habían dejado a cambio de varias mentas, un cigarrillo, hierba, agua y buena conducta. Julio notó inmediatamente que la cantidad de regalos estaba dividida de forma desigual. Esto le bajo los ánimos.
Minutos más tarde se levanto Manuel y también sus padres. Como todo buen actor debutante, Manuel se asombró de los regalos recibidos. La alegría notable de Manuel hizo que el pequeño Julio comenzara a llorar. La madre preguntó a niño cual era la causa de su tristeza y este le contestó:
- A Manuelcito le regalaron una pelota y a mí no!
- Seguro? – preguntó la madre preocupada.
El padre se acercó a Manuel y le preguntó:
- Que decía el papel de esa pelota?
- Oh Papi, “Para Manuel” y véalo ahí que tiene la letra de los reyes – dijo Manuel mientras mostraba la evidencia que a la vez era cuerpo de su delito.
La madre tuvo que consolar a su hijo menor y callar la verdad para conservar la tradición.





Manuel es un nombre de perdedores.

Pobre niño que será un pusilánime toda la vida. Su madre una canalla, con hijas de puta así es lógico que los hijos se críen como animales para la guerra en lugar de personas.

Era el momento de inventar algo digno y dar una demostración de sabiduría y justicia al hijo cainita. Por ejemplo ir a buscar una escoba para barrer algunos papeles imaginarios la zona de los regalos exclamando un “mira, se ha caído una etiqueta que dice pelota para Julio”.

Los padres que eran los reyes (como siempre) eran muy miserables. No costaba nada comprarles dos regalos, aunque fuesen por la mitad del valor cada uno.

No me sorprendería que esos niños fueran tan mezquinos como Joan Manuel Serrat en su gira de los pájaros matando a tiros a las musas proféticas y haciendo morir de cáncer a varios de sus amigos (Fontanarrosa, Isabel Polanco, Jorge Guinzburg)…

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